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La clase trabajadora en EEUU hoy

Extracto del documento del nuevo Partido por el Socialismo y la Liberación

Protestas y huelgas laborales unen a los trabajadores en la lucha.
Photo: Bill Hackwell
“La Clase Trabajadora en los EEUU Hoy” es un extracto del panfleto publicado recientemente, “El Partido por el Socialismo y la Liberación: Quienes Somos, Por Que Luchamos.” El panfleto está disponible en inglés y en español.

“El PSL: Quienes Somos, Por Que Luchamos” fue aprobado y adoptado por el Directorio Nacional del PSL en enero del 2005. Es el producto de una extensa discusión en la convención fundadora del partido. El documento incluye la evaluación del partido sobre la situación actual internacional y doméstica así como sus perspectivas y la necesidad de construir un partido revolucionario de los trabajadores en Estados Unidos.

Además de la sección citada aquí, el panfleto incluye capítulos referentes a la validez del Marxismo y el Leninismo, las aspiraciones de EEUU por la dominación global, el nacimiento de un nuevo movi-miento progresista global, y la necesidad de un partido revolucionario. Hace refe-rencia a cuestiones críticas como la caída de la Unión Soviética, EEUU y el Medio Oriente, Cuba revolucionaria, y la llamada “Estrategia de Seguridad Nacional” del imperialismo estadounidense.

A los lectores que están interesados en aprender más sobre el Partido por el Socialismo y la Liberación les urgimos que manden a pedir copias del nuevo panfleto y nos ayuden a distribuirlas. Es un documento excelente para organizar grupos de discusión y de estudio.


El Partido por el Socialismo y la Liberación reconoce que la clase trabajadora multinacional estadounidense es una fuerza indispensable para la revolución en los EEUU. Su fuerza social es amplificada por el papel central que el imperialismo estadounidense juega en la economía mundial. La labor de romper las cadenas del trabajo asalariado en los Estados Unidos está íntimamente conectada a las luchas de los pueblos en todo el mundo por la liberación nacional y la revolución socialista.

Cada vez más, hablar en los EEUU de política “extranjera” y “doméstica” crea una dicotomía falsa. La guerra y la ocupación en Irak, por ejemplo, no es solo una cuestión “internacional.” Afecta a cientos de miles de familias de clase trabajadora por todos los EEUU—tal como lo hizo la guerra de Vietnam anteriormente. Juntas, la política interna y externa de Washington son integradas en una guerra global llevada a cabo por el imperialismo de los EEUU en contra de los trabajadores y pueblos pobres del mundo.

La “guerra interminable” en contra de Yugoslavia, Irak, Afganistán, Palestina, Haití y otros países inevitablemente significa guerra en contra de la clase trabajadora multinacional aquí también. Son los hijos e hijas de la clase trabajadora, desproporcionadamente minorías de color, quienes son sometidos a la conscripción militar económica—peleando, matando y muriendo por los intereses de las ganancias económicas y por el imperio. La educación, la salud, viviendas públicas y subsidia-das, trabajo y entrenamiento, la asistencia social, cuidado de niños y otros programas sociales vitales han sido eliminados, privatizados o totalmente eliminados mientras que el gasto militar real ha crecido por encima de medio trillón de dólares anuales. El seguro social está en peligro.

Cada nueva aventura militar también significa una aceleración de la militarización de la sociedad estadounidense y de otros objetivos anti-trabajadores y reaccionarios.

El militarismo estadounidense y las políticas globales imperialistas tienen un profundo impacto en la composición y las condiciones de la clase trabajadora en los EEUU. Con la destrucción de las economías nacionales desde México a Haití, por ejemplo, millones de trabajadores han inmigrado a los EEUU. En el 2000, más de uno de cada tres residentes de la ciudad de Nueva York había nacido fuera de los Estados Unidos.

La clase trabajadora bajo ataque

Las condiciones de vida y de trabajo han estado declinando en grandes sectores de la clase trabajadora en las pasadas tres décadas frente a la tremenda ofensiva corporativa. El deterioro de los sueldos reales y de los beneficios como la salud y las pensiones se acelera a un nivel que se iguala solamente con la creciente cantidad de riquezas acumuladas por un reducido número de bancos y súper-ricos. No hay indicación que esta ofensiva esté cesando.

La economía capitalista estadouni-dense y global pasarán inevitablemente por una depresión o recesión económica clásica. Pero aun antes del advenimiento de esta contradicción capitalista, decenas de millones de trabajadores ya están sufriendo una crisis profunda en su lucha para pagar por las necesidades básicas de la vida—casa, comida, ropa, salud, cuidado infantil y educación.

La revolución de alta tecnología que empezó en los años 70 trajo consigo ambos una reestructuración de la economía y un declive a largo plazo en salarios reales y beneficios sociales. Los despidos masivos resultantes del desarrollo tecnológico y el escape de capital diezmó a comunidades enteras y continúan presentando problemas enormes para el movimiento laboral. Centros urbanos con comunidades mayormente afro americanas y latinas han visto llegar el desempleo a niveles altísimos.

No por coincidencia, el derrocamiento del campo socialista fue seguido rápidamente por la eliminación de la “malla de seguridad social” en los EEUU. La asistencia social, los cupones de alimento y otros programas de nutrición, subsidios para la renta y otros servicios claves fueron eliminados o reducidos drásticamente por los esfuerzos combinados de la Casa Blanca Demócrata y el Congreso Republicano en el 1995-96.

El crecimiento monstruoso del sistema de prisiones, careciente mayormente de programas de educación o entrenamiento, significa que hoy en día más de dos millones de personas—desproporcionadamente de las comunidades oprimidas—están siendo “almacenadas” en campos de concentración para los pobres.

Más de siete millones de personas están pasando por “el sistema”: En la cárcel o en condición de libertad bajo palabra o condicional. La población encarcelada de los EEUU es la mayor del mundo. Más de 3,000 prisioneros están enfrentando la pena de muerte racista y anti-trabajadora

Casi uno de cada cuatro hombres afro americanos entre las edades de 20 y 29 está en “el sistema,” comparado con uno en diez hombres latinos y uno en dieciséis hombres blancos.

En un estado que se presenta falsamente como el ejemplo de la democracia, prisioneros políticos como Mumia Abu-Jamal, Leonard Peltier, y los Cinco Cubanos, para nombrar algunos, han sido sentenciados a ejecución o a cadena perpétua. La tortura se ha vuelto común, no solamente en las prisiones iraquíes supervisadas por los EEUU y en la base naval de Guantánamo, pero en las prisiones dentro de los EEUU también.

La crisis de salud se está intensificando rápidamente en los EEUU. La raíz del problema es que el cuidado de salud y servicios son tratados como cualquier otra comodidad bajo el capitalismo; son producidas por la industria médica capitalista no para satisfacer las necesidades humanas sino para sus necesidad de obtener grandes ganancias. Las gigantes compañías hospitalarias, farmacéuticas, de equipo y, especialmente, las poderosas y parasíticas compañías de seguros, están extrayendo enormes ganancias del cuidado de salud privado. Los precios altísimos de productos y servicios de salud han creado una crisis descontrolada y la desaparición de beneficios de salud para decenas de millones de personas en los EEUU. Durante los últimos cinco años, las primas de los seguros médicos ha crecido entre tres y cuatro veces el incremento de la inflación, entre un 10 y 15 por ciento anual.

Medicamentos para el VIH/SIDA, que podrían ser producidas por menos de $300 dólares, cuestan hasta $15,000 dólares por año en los EEUU porque los monopolios de las grandes farmacéuticas están produciendo para hacer ganancias y bloquean el uso de drogas hechas por fábricas que manufacturan medicamentos genéricos en otros países. Aunque el África al sur del Sahara tiene un poco más del 10 por ciento de la población mundial, es el hogar de dos tercios de la población mundial infectada con VIH y SIDA. Menos del uno por ciento de ellos tienen acceso a las drogas existentes.

En los EEUU, la epidemia de VIH/SIDA es también una crisis, y hoy en día es la causa principal de muerte entre los afro americanos entre las edades de 25 y 44 años.

La sed insaciable por ganancias del capitalismo ha intensificado los ataques contra el medio ambiente. La “guerra contra el terrorismo” y la “seguridad de la patria” se han utilizado para reducir drásticamente los estándares de la calidad del aire, abriendo al Ártico y otras áreas a la explotación mineral y maderera, al igual que al racismo ambiental—creando vertederos de desperdicios tóxicos y radioactivos en las comunidades predominantemente oprimidas. Washington, actuando en nombre de los contaminadores corporativos, se ha rehusado a firmar aun acuerdos modestos sobre el recalentamiento global, como el Protocolo de Kyoto.

Estos ataques sin precedente y esta explotación intensificada forman la base objetiva para una contra ofensiva masiva liderada por la clase trabajadora. La tarea de todos aquellos quienes aspiran a proveer liderato a esta contra-ofensiva es desarrollar el análisis, la estrategia y las tácticas para desencadenar el poder histórico de nuestra clase.

Nearly 80 percent of U.S. workers now work in the service sector.
Photo: Bill Hackwell
El deber histórica de la unidad

Desde sus principios, la sociedad estadounidense ha estado marcada por un racismo extremo. Este ha sido el obs-táculo predominante para poder confrontar la ofensiva de la clase dominante.

La lucha de aquellos que han sido los más oprimidos por el sistema racista ha llevado a reformas mayores a nivel legal, social y económico. Aun así, el racismo prevalente continúa siendo la realidad de esta sociedad. Jóvenes de las comunidades afro americana, latina y cualquier otra nacionalidad oprimida se confrontan diariamente con la brutalidad y la muerte a manos de la policía, la persecución rutinaria racista en las tiendas, y el prejuicio y la limitación por prácticas racistas en el sistema de educación. El ataque de la clase dominante en contra de derechos ganados en décadas pasadas continúa.

La acción afirmativa y la educación equitativa siguen bajo ataque por la clase dominante y por sus gobiernos a nivel estatal y federal. La acción afirmativa, la cual apenas había empezado a corregir las desigualdades terribles sufridas por las nacionalidades oprimidas y las mujeres, ha sufrido retrocesos, ha sido desmembrada y completamente eliminada en muchos lugares. Un sinnúmero de otros derechos ganados después de la masiva revolución de los derechos civiles de los años 1950 y 1960—como los derechos de la mujer, derechos lesbiana/gay/bisexual/transgénero (LGBT), y derechos para minusválidos—están sufriendo un fin similar.

En el 50mo aniversario de Brown v. Board of Education en 2004, la re-segregación “separada y desigual” de las escuelas públicas (las cuales nunca fueron más que parcialmente desegregadas) es notoriamente vasta. Para estudiantes afro americanos y de otras nacionalidades de color que van a escuelas integradas, los patrones del racismo proveen una serie de obstáculos al objetivo de la “educación equitativa.” La educación pública para todos los niños y jóvenes de clase trabajadora se ha dejado deteriorar a un extremo. Para muchos estudiantes, especialmente afro americanos, latinos, nativos, asiáticos, árabes y blancos de clase obrera, las alternativas son el ejército, trabajos de muy bajo sueldo o la prisión una vez que terminan con su “educación”.

Como una nación oprimida dentro de los EEUU, la población afro americana continúa quedándose atrás de la mayo-ría de la población blanca en todo índice social. Comunidades de color como la afro americana, latina y otras todavía ocupan el segmento de la clase trabajadora más explotada, enfrentando pobreza agobiante, desempleo y bajos sueldos, además de violencia racista y terror de estado a manos de la policía.

El estado capitalista ha profundizado la explotación de los inmigrantes por medio de legislación represiva y la denegación de derechos elementales. Las redadas masivas y las deportaciones de inmigrantes indocumentados son para aterrorizar a los trabajadores inmigrantes para hacerlos sujetos a una explotación más extrema. El objetivo es también dividir y debilitar a la clase trabajadora y reducir los sueldos de todos los trabajadores.

El PSL defiende el derecho de autodeterminación de las naciones opri-midas dentro de los EEUU. Al mismo tiempo, luchamos por la unidad de la clase multinacional en contra de nues-tro enemigo común, la clase racista capitalista de banqueros y dueños.

La todavía existente posición subordinada de la mujer en la sociedad, en su hogar como en el trabajo, se originó en el desarrollo de la sociedad de clase. Se ha empeorado hoy por los cortes en beneficios de la asistencia social, cuidado de niños y salud, y también por el racismo. La mujer continúa siendo sometida a la violencia y la explotación en la sociedad capitalista.

El derecho reproductivo de la mujer está bajo ataque constante a nivel fede-ral y estatal. La manifestación enorme de abril del 2004 de más de un millón de mujeres y sus aliados en Washington DC en defensa del derecho al aborto—a pesar de sus limitaciones en su orientación política hacia el partido Demócrata y su limitada movilización de mujeres de color—fue una muestra fuerte del poder de un movimiento a nivel de base, la barrera primordial al retroceso de los derechos de la mujer.

Durante las pasadas tres décadas o más, han habido avances parciales importantes hacia los derechos ganados por medio de la lucha de masa por las comunidades LGBT. Ahora hay una batalla feroz sobre el derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo, y el reconocimiento de los derechos y los beneficios para estas parejas.

La resistencia de la clase dominante a la extensión de derechos civiles básicos a las parejas del mismo sexo no está basada solamente en su ideología reaccionaria. Aun donde se aceptan las uniones de parejas del mismo sexo, más de 1,000 derechos y beneficios de las parejas heterosexuales son denegadas a las parejas del mismo sexo. La negativa a los mismos beneficios significa ganancias adicionales de miles de millones de dólares para los capitalistas, dándoles la base material para sus ideas reaccionarias anti-gay.

Se ha lanzado un ataque masivo a los derechos y las libertades civiles. Los inmigrantes han sido afectados duramente, particularmente inmigrantes de países árabes y musulmanes, por el Acto Patriota estadounidense y otras órdenes legislativas y ejecutivas. La tortura, el encarcelamiento a largo plazo sin cargo, la falta de representación legal, juicios secretos y más, han sido declarados legales y aceptables por los oficiales gubernamentales de alto rango.

La clase trabajadora continúa siendo dividida por una línea económica y separada por el racismo, el sexismo, el prejuicio y el chovinismo nacional. Al mismo tiempo, la característica de la evolución constante de la tecnología capitalista está teniendo un efecto dramático y generalmente nivelador en la clase trabajadora. La clase trabajadora se está volviendo más multinacional y más integrada, al mismo tiempo que la explotación se intensifica, creando las condiciones para un desarrollo en la conciencia de clase.

La unidad de clase se gana por medio de las luchas comunes de nuestra clase, por las cuales se puede superar el prejuicio. El PSL aboga por crear un movimiento trabajador militante, consciente de su clase y multinacional—independiente de los partidos capitalistas—que lucha por los intereses de la clase trabajadora en todos los asuntos.

En cada punto importante de la historia, los sindicatos han jugado un papel importante en el avance de la lucha de los trabajadores, ya sean organizados o no. Aunque el liderato de la federación sindical AFL-CIO haya sido históricamente influenciada por el racismo, la burocracia, el chovinismo y sus conexiones al gobierno—especialmente desde sus purgas anti-comunistas de los años 1940—las huelgas y las protestas han unido a los trabajadores en lucha a pesar de todas las divisiones que son reforzadas por toda la sociedad capitalista. En años recientes, ha habido una lucha dentro del movimiento obrero para oponerse a la guerra de Irak y para ha-cer la conexión entre el militarismo, la guerra y la globalización capitalista.

La lucha para simplemente mantener la cobertura de beneficios de salud se ha hecho un asunto central en las negociaciones sindicales y en las huelgas por todos los EEUU. El organizar un sindicato, especialmente en el sector privado, se ha hecho mas difícil que en ningún otro tiempo desde los 1930. La reagrupación masiva de la industria y la producción fuera de los EEUU, o en lugares más aislados y semi-rurales, combinada con las políticas anti-obreras del gobierno, han tenido el resultado de reducir aun más el porcentaje de trabajadores sindicalizados. Hoy, menos del 13 por ciento de los empleados en los EEUU son miembros de una unión, el número más bajo en más de 70 años.

Las interconexiones existentes entre los líderes sindicales de alto rango y el estado imperialista no solamente producen traiciones de clase ignominias como la ayuda que se le dio a los corruptos y contrarevolucionarios “líderes labores” en Venezuela, el repudio al reconocimiento de los vínculos entre el presupuesto de guerra y los ataques económicos a los trabajadores, el silencio sobre la guerra de Irak, el apoyo incondicional a Israel, etc. Ellos también amarran las manos del movimiento laboral como fuerza en la sociedad estadounidense. Así, también, se ha subyugado el liderazgo laboral al partido Demócrata.

Aun así, las uniones son las más numerosas y poderosas organizaciones de la clase trabajadora. Deben ser renovadas y reforzadas para que la lucha continúe.
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